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Amedeo Peter Giannini

Amedeo Peter Giannini

Figuras destacadas de la emigración italiana

Amadeo Peter Giannini nació el 6 de mayo de 1870 en San José, California, de padres italianos que habían emigrado a Estados Unidos en busca de un futuro mejor. Hijo de esa gran ola migratoria que transformaría América, Giannini creció con una idea simple pero revolucionaria para su época: el dinero debía servir a las personas, no al contrario. A los 34 años, en 1904, fundó en San Francisco el Bank of Italy, un banco pensado no para los ricos, sino para la gente común: inmigrantes, agricultores, pequeños empresarios y familias de clase media que hasta entonces habían quedado excluidas del sistema bancario tradicional.

Giannini rompió las reglas de la finanza de su tiempo. Concedía préstamos basándose en la confianza, la honestidad y la voluntad de trabajar de sus clientes, a menudo sellando los acuerdos con un simple apretón de manos. Por eso su banco fue llamado “el banco de los humildes”. Su compromiso tenía también una fuerte dimensión social: ayudó a miles de italianos emigrados a enviar dinero a su país en condiciones más justas, ofreciéndoles un vínculo concreto con sus raíces. Su visión encontró la prueba más grande en 1906, tras el devastador terremoto de San Francisco: mientras muchos bancos permanecían cerrados, Giannini instaló un banco improvisado en la calle y comenzó a otorgar préstamos para la reconstrucción, proclamando con confianza que la ciudad renacería. Tenía razón.

De esa visión nació un coloso: el Bank of Italy se fusionó con un banco de Los Ángeles y se convirtió en el Bank of America, que bajo su dirección creció hasta convertirse en el banco más grande del mundo. Pero Giannini no se limitó a la finanza: apoyó el desarrollo de la industria cinematográfica, financiando los primeros filmes de Walt Disney, Charlie Chaplin y Frank Capra; contribuyó al crecimiento del sector vinícola californiano y hizo posibles grandes obras de infraestructura, como el Puente Golden Gate.

Al morir en 1949, a los 79 años, su patrimonio personal era sorprendentemente modesto: menos de 500.000 dólares. Solía decir que quien desease acumular más que esa cantidad “debería ir al psiquiatra”, porque el dinero, para él, era solo un medio y nunca un fin. Coherente hasta el final, en su testamento dejó parte de sus bienes a la University of California, confirmando que su mayor riqueza siempre había sido el bien colectivo.