22 abril 2026
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La maleta ha sido siempre el símbolo universal de quien deja su tierra. Ya sea de cartón, atada con un cordel, o un moderno trolley, su contenido suele ser el mismo: un poco de ropa, algunas fotografías y una infinidad de esperanzas, sueños y coraje. Nosotros, los italianos, conocemos bien el peso de esas maletas, porque durante décadas fueron las nuestras.
Es precisamente de esta conciencia de donde nace la hermosa iniciativa de los niños del último año de la Escuela Infantil Luigi Chiariglione de Ciriè (Turín), que participaron en el concurso "Mondo in valigia" (Mundo en la maleta). Su proyecto no es solo un maravilloso ejemplo de enseñanza y empatía, sino un puente extraordinario entre nuestro pasado como emigrantes y el presente de quienes buscan acogida en nuestro país.
El recorrido de los pequeños alumnos de 5 años comenzó a través de las páginas y las imágenes del libro "El viaje" de Francesca Sanna. Los niños comprendieron una verdad profunda: en cada época, en cada rincón del mundo, hay mujeres y madres que dejan sus raíces para huir de guerras, persecuciones y miseria.
Pero el paso más conmovedor del proyecto fue cuando las maestras explicaron a los niños que esta no es solo una "historia de hoy", sino que es nuestra historia. También ocurrió en Italia, cuando muchísimas madres italianas preparaban sus maletas para emigrar a naciones como Alemania, Bélgica, Suiza o las lejanas Américas. Lo hacían impulsadas por el mismo, idéntico motor que mueve a las madres de hoy: la esperanza de ofrecer un futuro mejor a sus hijos. Recordar este aspecto es fundamental, y es el corazón palpitante del proyecto Italea: redescubrir nuestras raíces para entender quiénes fuimos, y usar esa memoria para mirar al mundo con ojos nuevos.
Tras expresar sus emociones a través del dibujo, los niños pasaron de la teoría al encuentro real. Entrevistaron a algunas madres de su escuela procedentes de otros países, escuchando en particular el testimonio de una madre que huyó de la guerra en Ucrania y de una madre originaria de Nigeria, que dejó su aldea para garantizar un mañana sereno a su pequeño.
Lo que hizo que la experiencia fuera aún más especial fue el hecho de que las preguntas de la entrevista fueron pensadas y formuladas directamente por los niños. Con la espontaneidad y la sensibilidad que solo los más pequeños poseen, demostraron una capacidad de escucha y una empatía extraordinarias, anulando cualquier distancia cultural.
El mensaje que surge del taller de la escuela de Ciriè es poderoso y cristalino: las madres son viajeras valientes. Hoy como en el pasado, afrontan inmensos sacrificios, dejando todo lo que conocen y aman para construir bases sólidas para las generaciones futuras.
Como portal dedicado a las raíces italianas, celebramos este proyecto porque nos recuerda que la historia de la emigración italiana no es un capítulo cerrado que deba estudiarse en los libros, sino una lente a través de la cual leer la humanidad. Las maletas de nuestras abuelas y bisabuelas, que partieron hacia lo desconocido, contenían la misma determinación que las de las jóvenes madres que hoy llegan a nuestras escuelas.
Gracias a los niños de Ciriè, hemos aprendido que la mejor manera de honrar nuestro pasado de migrantes es acoger las historias de quienes, hoy, están haciendo nuestro mismo viaje.