Edward Re
Edward Domenico Re (1920–2006) fue una de las figuras más destacadas de la magistratura estadounidense, Juez Emérito de la Corte Federal de Comercio Internacional y distinguido profesor de derecho. Nacido en Salina, en las Islas Eolias, emigró a Estados Unidos con su familia a los ocho años, en una Italia recién salida de la Primera Guerra Mundial. Establecido en Brooklyn, en el corazón de la comunidad italoamericana de Nueva York, allí comenzó su proceso de integración y formación.
Tras estudios brillantes, se graduó con honores en la St. John’s University en 1943, pero pocos días después fue llamado a filas, sirviendo en la Fuerza Aérea hasta alcanzar el rango de coronel. Tras regresar a la vida civil, emprendió su carrera en el ámbito jurídico en Nueva York y se destacó también como autor de textos fundamentales para generaciones de estudiantes y juristas. Paralelamente, ocupó importantes cargos públicos, hasta recibir el nombramiento del presidente John F. Kennedy en 1961 como Chairman of Foreign Claims Settlement de Estados Unidos.
Su carrera institucional continuó bajo el presidente Lyndon B. Johnson, quien lo designó primero como Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Culturales y Educativos y luego, en 1968, como juez federal. Posteriormente, el presidente Jimmy Carter lo nombró Juez de la Corte Federal de Comercio Internacional, cargo que desempeñó hasta su retiro en 1991. En su función, Edward Re contribuyó de manera decisiva al desarrollo del derecho comercial internacional, promoviendo un equilibrio entre la legislación estadounidense y la protección de los derechos humanos.
A pesar de haber construido toda su vida en Estados Unidos, Re nunca olvidó Italia. En 1986 recibió del Presidente de la República la distinción de Caballero de Gran Cruz y numerosos reconocimientos de universidades italianas, entre ellas Roma, Bolonia, Verona, Urbino y L’Aquila. Al ser preguntado si se consideraba ya “americanizado”, respondió con una frase que se volvió célebre:
«Sí, estoy americanizado, pero he contribuido a italianizar América».
Palabras que sintetizan perfectamente el sentido de su vida: un puente entre dos países, dedicado a la integración de los italianos en Estados Unidos y, en sus últimos años, al apoyo de las comunidades eolianas en el mundo.