Salvatore Ferragamo
Salvatore Ferragamo nació en 1898 en Bonito, un pequeño pueblo de la provincia de Avellino. Desde niño mostró una pasión extraordinaria por los zapatos y el trabajo artesanal: mientras sus compañeros jugaban, él observaba, aprendía y experimentaba. Tras sus primeras experiencias como aprendiz de zapatero en Italia, a los 16 años, en 1914, decidió emigrar a Estados Unidos, impulsado por el deseo de forjarse un futuro y transformar su talento en algo más grande.
Después de un primer período en Boston, Ferragamo se trasladó a California, donde su destino cambió radicalmente. Abrió un pequeño taller en Santa Bárbara y luego en Hollywood, entrando en contacto directo con la naciente industria cinematográfica. En poco tiempo se convirtió en el célebre “zapatero de las estrellas”: sus creaciones conquistaron a las divas del cine mudo y, posteriormente, a los íconos de la edad de oro de Hollywood. Ferragamo confeccionó zapatos para grandes producciones cinematográficas y modelos a medida para actrices legendarias como Greta Garbo, Audrey Hepburn y Marilyn Monroe, combinando elegancia, personalidad y comodidad.
Precisamente el tema de la comodidad se volvió central en su investigación. Ferragamo comprendió que la belleza por sí sola no era suficiente: un zapato debía sostener correctamente el cuerpo. Por ello, durante su estancia en Estados Unidos, se matriculó en la Universidad de Los Ángeles, estudiando anatomía, ingeniería química y matemáticas. Fue una elección visionaria para la época: aplicó estos conocimientos científicos a la fabricación artesanal de calzado, creando soluciones innovadoras que revolucionaron el sector y convirtieron sus zapatos no solo en refinados, sino también extraordinariamente cómodos.
En 1927, Ferragamo regresó a Italia y fundó su empresa en Florencia, llevando consigo la experiencia, la mentalidad y la audacia adquiridas en Estados Unidos. Desde allí construyó un verdadero imperio del lujo, capaz de combinar la elegancia italiana con la innovación americana. La marca Ferragamo se difundió rápidamente por todo el mundo y tuvo un gran éxito también en Brasil, donde la comunidad italiana y las élites locales recibieron sus creaciones como símbolo de gusto, calidad y prestigio.
Salvatore Ferragamo falleció en 1960, pero su legado sigue más vivo que nunca. La maison que lleva su nombre es hoy una de las más prestigiosas del panorama internacional de la moda. Su historia permanece como un ejemplo emblemático de inmigrante italiano que alcanzó el sueño americano y supo trasladar ese éxito a su país, convirtiéndose en un embajador global del Made in Italy, capaz de hablar al mundo entero con el lenguaje de la elegancia y la innovación.